Tuesday, 26 February 2013

El hombre con tres características



Hay una cosa mala en mi vida. Estoy involucrado en la busca eterna de aún la felicidad o un propósito de sobrevivir o algo así, y creo verdaderamente que si no estuviese la mala en mi vida, facilitaría mi busca mucho.  Bueno, la había pero de hecho ya se fue. Casi. Todavía forma una parte negra de mi historia, entonces todavía se queda algo malo adentro, pero existe actualmente en mi pasado. En la actualidad existen otras cosas en mi vida, como esa mujer en mi cama. La mala cosa parece una nube negra alrededor de sus hombros rollizos. Estoy seguro  que la cama es mío.

¿Porqué está allí? No sé. Me trajo el desayuno. Intenté explicarle la cosa mala y ahora parece que ha sufrido de un ataque de emociones tan extremo que necesitaba dormir otra vez. Cuando me desperté, ya le había levantado y me presentó con café más frío de la profundidad de mis ojos; duerme mejor que prepara la comida. Quizás lo debería informarle.

“Oye, mujer, despiértate. Me trajiste un desayuno de mierda, empezaste a llorar a la mitad de mi cuenta y ahora duermes otra vez, ¿no piensas que usar esta mañana aprender cocinar te serviría más?” Esto la dije yo, pero la voz sonaba pesada, sin ninguna inflexión.

La mujer dice nada. ¿Ha muerto?

Pienso que no es una mujer, que es una bruja gorda cuya misión es comerme. Le pide confirmar mi teoría y responde de una manera extraña. Un anillo de boda me golpe con fuerza directamente entre mis ojos. Parece el mío perfectamente; lo puso en mi dedo. No ha aprendido quien es, ni donde está la fuente de felicidad, pero ahora tengo dos anillos de boda que conjunta y parezco totalmente simétrico. Puede ser que la simetría quitaría la nube negra de mi vida, que hoy es el día. Puede ser.

Thursday, 21 February 2013

Zapatos



Negros, con tacones de aguja y hecho de cuero tan suave que no era posible notar el límite entre pie y zapato, ni zapato y pista de baile; con ocho años creían que estos zapatos de baile me hacer en un adulto.
Generalmente, la clase de baile de salón no consistía en los jóvenes que se consideraban guayes de ninguna manera en la escuela, pero no importaba; teníamos nuestras propias reglas sociales. Después de años intentando bailar los pasos delicados de un vals en tacones cubanos, finalmente había avanzado al nivel adelantado, y tenía los zapatos para demostrarlo.
Cuando éramos niños, todos llevábamos esas cosas totalmente cubiertas en lentejuelas de cada color, pero ahora, con ocho años, había unido finalmente con las jóvenes cuyos zapatos eran de colores aburridos, pero elegantes. Bueno, todos eran negros. Los tacones estaban unas dos pulgadas, de estilo más o menos de aguja; por mis ojos eran lo más alto que era posible llevar. El cuero era negro liso y el estilo era normal; zapatos de punta abierta con una correa de la misma tela rodeando el tobillo y otra conectando esta sección al parte que cruzaba el frente del pie. Estaba en esta sección mi detalle favorito de los zapatos. Había un detalle formado por una purpurina negra y no brillante, cuya forma en el lado de mis zapatos creaba llamas de fuego. Desafortunadamente, mis amigos afuera la clase no los aprecian tanto, y rápidamente aprendí otra lección y nunca hablé más de bailar en la escuela.
Aunque aprendimos el baile de salón de hecho en el chico salón comunal donde vivíamos, y llevamos vaqueros y calcetines de dibujos animados, con los zapatos apropiados era posible estar llevado en otro mundo, y con cada paso, sentir como si fuese volando a través de la pista de baile.